SpaceX supera las expectativas
Comentario diario de mercados
La combinación de unos resultados empresariales que continúan sorprendiendo al alza, el renovado entusiasmo por la inteligencia artificial y las expectativas de un posible acuerdo entre Estados Unidos e Irán ha llevado a los principales índices bursátiles a registrar nuevos máximos históricos. Sin embargo, bajo ese optimismo siguen existiendo varios focos de incertidumbre que conviene no perder de vista. La evolución de la inflación, el comportamiento del mercado laboral estadounidense y la estabilidad geopolítica continúan siendo los tres grandes pilares sobre los que se apoyan las expectativas de los inversores.
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El principal catalizador vuelve a encontrarse en Oriente Medio. Donald Trump aseguraba que las conversaciones mantenidas durante toda la jornada con Irán habían sido muy positivas e incluso llegó a afirmar que el estrecho de Ormuz podría reabrirse muy pronto. Un mensaje que alimentó rápidamente las expectativas de una desescalada definitiva en un conflicto que ya se prolonga desde hace cinco meses. Sin embargo, la situación continúa siendo mucho menos clara de lo que descuentan los mercados. Desde Teherán insisten en que esas conversaciones no existen, mientras que Qatar reconoce que los mediadores sí están logrando avances relevantes. Como ocurre con frecuencia en este tipo de conflictos, la negociación parece avanzar mucho más en privado que en público.
Aun así, las diferencias siguen siendo importantes. Irán continúa exigiendo el control del tráfico marítimo que atraviesa el estrecho de Ormuz, incluyendo capacidad para supervisar e intervenir sobre las embarcaciones que abandonen la zona. Estados Unidos rechaza frontalmente esa posibilidad y mantiene la presión diplomática y militar, recordando que no permitirá bajo ninguna circunstancia que Irán desarrolle armamento nuclear. Las amenazas de Trump de responder con un ataque “muy duro” si Teherán abandona nuevamente las conversaciones muestran que la negociación sigue siendo extremadamente delicada.
Pese a ello, los mercados han preferido quedarse con el escenario más optimista. El precio del Brent continúa corrigiendo con fuerza y ya acumula una caída superior al 11% durante la última semana, situándose alrededor de los 78 dólares por barril. A las expectativas de un posible acuerdo con Irán se suma además el incremento de las reservas de petróleo en Estados Unidos, lo que contribuye a aliviar la presión sobre la oferta mundial.
Desde el punto de vista macroeconómico, esta caída del petróleo resulta especialmente relevante. La energía ha sido uno de los principales motores de la inflación durante los últimos años y un descenso sostenido de los precios del crudo facilita considerablemente el trabajo de los bancos centrales. Menores costes energéticos reducen las presiones inflacionistas sobre empresas y consumidores y aumentan la probabilidad de que la inflación continúe aproximándose gradualmente a los objetivos oficiales.
Sin embargo, la Reserva Federal mantiene un discurso prudente. Los miembros más recientes en intervenir vuelven a mostrar que la principal preocupación sigue siendo la inflación. Jeff Schmid, presidente de la Fed de Kansas City, considera que la economía estadounidense continúa mostrando suficiente fortaleza como para soportar una política monetaria más restrictiva si fuera necesario. En la misma línea, Patrick Harker insistía en que la prioridad absoluta sigue siendo devolver la inflación al entorno del 2%, dejando completamente abierta la posibilidad de mantener unos tipos elevados durante más tiempo.
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A este debate se suma además la petición realizada por el secretario del Tesoro, Scott Bessent, para que la Reserva Federal amplíe el mecanismo que permite proporcionar liquidez en dólares a bancos centrales extranjeros utilizando bonos del Tesoro como garantía. Aunque oficialmente la Fed no ha respondido a la solicitud, el trasfondo es evidente: facilitar una mayor capacidad de actuación a Japón para seguir defendiendo al yen frente a posibles ataques especulativos. No obstante, también existe el riesgo de que una mayor disponibilidad de liquidez anime precisamente a los mercados a poner a prueba la determinación conjunta de Washington y Tokio.
En el plano macroeconómico, los datos estadounidenses continúan dibujando una economía que desacelera de forma muy gradual, pero sin perder solidez. Las vacantes de empleo descendieron en junio hasta 7,36 millones, registrando la mayor caída de los últimos once meses y situándose ligeramente por debajo de lo esperado. La reducción fue especialmente intensa en sanidad y asistencia social, uno de los sectores que más empleo había generado en los últimos años gracias al envejecimiento de la población, así como en ocio y hostelería.
Sin embargo, el resto del informe ofrece una lectura bastante tranquilizadora. Las contrataciones aumentaron en casi 100.000 personas durante el mes, mientras que la tasa de despidos permaneció estable en apenas el 1,1%. En otras palabras, aunque las empresas publican menos ofertas de empleo que hace unos meses, siguen contratando y apenas están reduciendo plantilla. Todo ello sugiere que el mercado laboral continúa mostrando una notable resistencia, algo que refuerza la idea de que la economía estadounidense sigue creciendo sin señales claras de deterioro.
También se conocieron los pedidos de bienes industriales, que sorprendieron ligeramente a la baja al registrar una caída del 0,3%. No obstante, detrás del dato agregado aparece un elemento especialmente interesante: los envíos de bienes de capital destinados a empresas aumentaron un 2%, reflejando que las compañías siguen incrementando sus inversiones en infraestructura relacionada con la inteligencia artificial. Es decir, aunque algunos sectores manufactureros muestran una cierta moderación, el enorme ciclo inversor vinculado al desarrollo de centros de datos, servidores y capacidad de computación continúa impulsando la inversión empresarial.
Precisamente la inteligencia artificial sigue consolidándose como el gran motor del mercado. La Administración Trump comunicó a las principales compañías del sector que no impondrá pruebas voluntarias de seguridad para los modelos abiertos de IA. La decisión llega después de que OpenAI y Anthropic reconocieran que algunas de sus herramientas habían logrado vulnerar sistemas desarrollados por otras compañías, reabriendo el debate sobre la necesidad de una regulación más estricta. De momento, la Casa Blanca parece optar por priorizar la innovación frente a una regulación que pueda ralentizar el desarrollo tecnológico estadounidense.
El fuerte ritmo de inversión continúa siendo espectacular. Anthropic anunció un acuerdo de 10.000 millones de dólares para garantizar capacidad de computación durante los próximos seis años, confirmando que la demanda de infraestructura para inteligencia artificial sigue creciendo a un ritmo extraordinario. Este tipo de operaciones refuerza la idea de que el ciclo de inversión en IA todavía está lejos de agotarse y continúa respaldando las perspectivas de crecimiento de numerosas compañías tecnológicas e industriales.
Wall Street volvió a reflejar ese optimismo. El Dow Jones avanzó un 1,71%, el S&P 500 ganó un 1,79% y el Nasdaq se disparó un 2,59%, alcanzando nuevos máximos históricos. Las mayores subidas llegaron nuevamente desde las empresas más expuestas a la inteligencia artificial. Palantir protagonizó una espectacular revalorización cercana al 30% tras mejorar sus previsiones de ingresos, mientras Caterpillar sorprendía al elevar sus expectativas de crecimiento gracias al aumento de la demanda de equipos para la construcción de centros de datos y generación eléctrica destinada a alimentar el desarrollo de la IA.
Especial atención merecía también SpaceX, que publicaba sus primeros resultados desde su histórica salida a bolsa. La compañía superó ampliamente las previsiones de ingresos al alcanzar 7.800 millones de dólares, muy por encima de lo esperado por el consenso. Además, las pérdidas de su división de inteligencia artificial resultaron significativamente inferiores a las previstas. Aun así, el mercado reaccionó con cierta cautela tras el cierre de la sesión y las acciones retrocedieron alrededor de un 4%, probablemente como consecuencia de unas expectativas extremadamente exigentes después de la enorme volatilidad registrada desde su debut bursátil.
La sesión asiática recogió el excelente comportamiento de Wall Street. El Nikkei japonés avanzó un 3,5%, Corea del Sur subió más de un 4% y las bolsas chinas también cerraron con ganancias. La combinación de unos menores precios del petróleo, la expectativa de una posible reapertura del estrecho de Ormuz y el renovado entusiasmo por la inteligencia artificial volvió a impulsar al sector tecnológico en toda la región.
La agenda macroeconómica de hoy estará dominada por el sector servicios. Los PMI de España, Italia, Francia, Alemania, la eurozona, Reino Unido y Estados Unidos permitirán comprobar si el principal motor de crecimiento de las economías desarrolladas mantiene el buen comportamiento observado durante los últimos meses. En Estados Unidos también se conocerán la encuesta ADP de empleo y el ISM de servicios, dos referencias que servirán como antesala del informe oficial de empleo del viernes.
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Especialmente positivo ha sido el comportamiento de España. El PMI de servicios se disparó hasta 58,3 puntos, su nivel más elevado desde marzo de 2023 y muy por encima de las previsiones. La fortaleza de la demanda interna, el aumento de nuevos pedidos y el fuerte ritmo de contratación vuelven a situar al sector servicios como el principal motor de crecimiento de la economía española. Además, el PMI compuesto alcanzó los 56,5 puntos, el mejor registro desde finales de 2024, confirmando que la actividad privada continúa acelerándose mientras las presiones inflacionistas siguen moderándose. Se trata de una combinación especialmente favorable, ya que refleja un crecimiento sólido acompañado de una menor intensidad en los costes empresariales.
En conjunto, la fotografía que ofrecen los mercados sigue siendo constructiva. La posibilidad de una desescalada en Oriente Medio reduce las presiones sobre la inflación gracias al descenso del petróleo, la economía estadounidense continúa mostrando un mercado laboral resistente y una inversión empresarial muy dinámica, mientras que la inteligencia artificial sigue actuando como el gran motor de crecimiento para compañías y mercados bursátiles. No obstante, la prudencia sigue siendo necesaria. Las negociaciones con Irán aún presentan importantes obstáculos, la Reserva Federal continúa priorizando el control de la inflación y los próximos datos de empleo serán determinantes para confirmar si la economía estadounidense mantiene el equilibrio entre crecimiento y estabilidad de precios que los mercados descuentan actualmente.
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